¡Luchemos por abolir la esclavitud asalariada!
El nuevo proyecto de Ley Federal de Trabajo (LFT, casi igual a la vieja “Ley Lozano” de hace unos años) legaliza condiciones de sobreexplotación brutales para los trabajadores, y casi todo eso ya se hace, aunque hasta ahora haya faltado la justificación legal. Demuestra que los empresarios y el gobierno violan constantemente sus propias leyes, y que esta ley, como las leyes en general, sirve al sistema capitalista actual.
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| Un capitalismo mucho más veloz y globalizado |
Este outsourcing ha crecido de manera espectacular en México (más de 40% de los nuevos empleos en el país vienen del outsourcing), así como en todo el mundo. Las grandes empresas extranjeras y nacionales —industriales, comerciales, así como los bancos y servicios— ocupan a empresas menores como maquiladoras, agencias de servicios y personal, así como call centers (como en la películaQuisiera ser millonario), para proporcionarles bienes, servicios o trabajadores. Así rebajan costos, “exteriorizan” riesgos y tienen mayor flexibilidad para ajustar muy rápidamente la fuerza de trabajo que explotan y los bienes o servicios que producen de acuerdo a cambios en el mercado mundial. Las nuevas tecnologías han facilitado un capitalismo mucho más veloz, a la vez que la producción, el comercio y las finanzas se han globalizado mucho más en las últimas décadas, lo cual acelera e intensifica la lucha por la “ventaja competitiva” entre los grandes capitales, so pena de irse a pique, y la competencia entre los Estados de los países oprimidos por el imperialismo como México, que dependen de la inversión extranjera para mantenerse y tratar de mejorar su posición en el mercado mundial.
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| Protesta multitudinaria contra la LFT |
La fuerza de trabajo como mercancía y la abolición del sistema de trabajo asalariadoComo hemos indicado en el volante, esta contrarreforma de la Ley Federal de Trabajo no es la causa de la sobreexplotación de los trabajadores ni del ataque sistemático a los derechos laborales ganados con lucha y sangre en el pasado. Pero sí es la justificación legal para las nuevas formas y condiciones de explotación que el capital imperialista ha desarrollado para mantener su rentabilidad y expandirse en un mundo globalizado. En las últimas décadas hemos visto la llegada de grandes empresas, desde las tiendas de WalMart a las plantas de electricidad de Iberdrola y las mineras canadienses, para aprovechar los bajos salarios, la ausencia de protecciones sanitarias y medioambientales, así como los recursos naturales. Hemos visto el crecimiento y decrecimiento de las maquiladoras de costura, televisores, etc. que pagan salarios de hambre e imponen jornadas de 10 o 12 horas, seguidas por “descansos” obligatorios o simplemente el despido definitivo, mientras envenenan los ríos, la tierra, el aire y hasta los mismos obreros con materiales peligrosos y desechos tóxicos. Todo esto, más el alto desempleo sobre todo entre los jóvenes, la expulsión de millones de personas del campo, el pujante narcotráfico enlazado estrechamente con las clases dominantes y el Estado, así como muchos males más. Todos estos horrores son resultados del funcionamiento del sistema capitalista-imperialista, que en las últimas décadas ha extendido y profundizado su explotación sobre todo en los países oprimidos, creando una fuerza laboral mundial extremadamente barata, flexible y desechable.El Artículo 3 del proyecto de LFT dice, “El trabajo es un derecho y un deber social. No es un artículo de comercio”. Esto es una mentira descarada que encubre la relación económica fundamental del capitalismo. En este sistema, no el trabajo, pero sí la fuerza de trabajo, la capacidad de las personas para trabajar, es una mercancía. Lo único que tienen las y los obreros para vender es esa capacidad de trabajar, y tienen que encontrar alguien que los contrate si ellos y sus familias van a sobrevivir. Su fuerza de trabajo la venden en el mercado como cualquier otra mercancía. Pero tiene una particularidad importante: al usarse, crea más valor. Trabajas en una mina o una fábrica y tu trabajo y el trabajo de los demás crea un nuevo valor, al combinarse con medios de producción (las máquinas, herramientas, materias primas, etc.) que a su vez son productos del trabajo de otros. Es de ese nuevo valor producido por el trabajo que el capitalista paga los salarios, pero también es de ahí de donde saca su ganancia o plusvalía, del producto del trabajo de los trabajadores. Así las cosas, el sistema de trabajo asalariado característico del capitalismo es necesariamente un sistema de explotación, ya que los capitalistas se apropian de lo que ha producido la sociedad en general.
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| Carlos Marx |
…el propio desarrollo de la moderna industria contribuye por fuerza a inclinar la balanza cada vez más en favor del capitalista y en contra del obrero, y que, como consecuencia de esto, la tendencia general de la producción capitalista no es a elevar el nivel medio de los salarios, sino, por el contrario, a hacerlo bajar, o sea, a empujar más o menos el valor del trabajo a su límite mínimo. Siendo tal la tendencia de las cosas en este sistema, ¿quiere esto decir que la clase obrera deba renunciar a defenderse contra las usurpaciones del capital y cejar en sus esfuerzos para aprovechar todas las posibilidades que se le ofrezcan para mejorar temporalmente su situación? Si lo hiciese, veríase degradada en una masa uniforme de hombres desgraciados y quebrantados, sin salvación posible. Creo haber demostrado que las luchas de la clase obrera por el nivel de los salarios son episodios inseparables de todo el sistema del trabajo asalariado, que en el 99 por 100 de los casos sus esfuerzos por elevar los salarios no son más que esfuerzos dirigidos a mantener en pie el valor dado del trabajo, y que la necesidad de forcejear con el capitalista acerca de su precio va unida a la situación del obrero, que le obliga a venderse a sí mismo como una mercancía. Si en sus conflictos diarios con el capital cediesen cobardemente, se descalificarían sin duda para emprender movimientos de mayor envergadura.
Al mismo tiempo, y aun prescindiendo por completo del esclavizamiento general que entraña el sistema del trabajo asalariado, la clase obrera no debe exagerar a sus propios ojos el resultado final de estas luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad. No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable lucha guerrillera, continuamente provocada por los abusos incesantes del capital o por las fluctuaciones del mercado. Debe comprender que el sistema actual, aun con todas las miserias que vuelca sobre ella, engendra simultáneamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para la reconstrucción económica de la sociedad. En vez del lema conservador de "¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!", deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: "¡Abolición del sistema del trabajo asalariado!" (Salario, precio y ganancia, Cap. XIV, ELE, Pekín, 1976, p. 73-74).
Aurora Roja
Voz de la Organización Comunista Revolucionaria
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Cartones: Patricio











